2010-02-08
EDITORIAL: LA MONEDA DE PLATAAdministrador
Desafortunadamente no tenemos buenas noticias en este mes, por el contrario, nos enteraron los medios nacionales de diversas agresiones a la vida humana en distintos puntos de la República Mexicana, pero sobre todo en la Zona Norte del País. Sin embargo, los hechos más indignantes son los que se dieron en Ciudad Juárez, donde se privó de la vida a una docena de jóvenes que hasta el momento se sabe nada tenían que ver con las pandillas o el crimen organizado, por el contrario, entre ellos estaba uno, Adrián Encino, de apenas 17 años, que recientemente había recibido un reconocimiento por parte del gobernador de ese Estado, José Reyes Baeza, por sus destacadas calificaciones como estudiante.
Ante este escenario consideramos que no se trata de denostar a las instituciones, simplemente decirles que sus responsables deben tener sensibilidad y madurez para aceptar que el estado ha fallado con todas sus estrategias, operativos y facultades, que además, debe frenar su trayectoria de descalificación, porque a todo lo que sucede con participación de la delincuencia organizada, a las víctimas que caen las relacionan de inmediato con el crimen organizado como para tratar de justificar esas muertes y no, ninguna muerte es justificable, porque el estado tiene la ineludible obligación de garantizar la seguridad de los bienes de los ciudadanos y el primer bien es la vida que se garantiza a través de la seguridad pública, con los cuerpos policiacos y si no es posible, entonces en nuestro caso se incorporó al ejército y si tampoco pudo con la participación de esa institución armada y con sus propias herramientas, debe pedir el auxilio de las fuerzas internacionales de los organismos a los que pertenece, como es el caso de los cascos azules de la ONU. Pero como la soberbia del estado mexicano es muy, pero muy grande, prefieren que se sigan matando entre delincuentes, pero también a inocentes como es el caso de los jóvenes futbolistas del pasado domingo, a quienes además se debe una disculpa pública al haber declarado respecto a esas muertes de jóvenes que “probablemente fueron asesinados por otro grupo con el que tenían cierta rivalidad”.
Además, el gobierno federal debe coordinar sus acciones con el gobierno estatal y municipal, aunque no pertenezcan al mismo partido político, de lo que se trata es encontrar una forma de frenar definitivamente el predominio de las acciones violentas de la delincuencia organizada y dejarnos ver en todo momento que han rebasado la capacidad del estado mexicano para contener la violencia y las acciones del crimen organizado, que van desde el tráfico de droga, secuestros, asesinatos, extorsiones, robos, fugas de criminales de alta peligrosidad de los Centros de Rehabilitación Social, conocido el delito en la ley penal como evasión de preso y otros delitos graves que mantienen a la sociedad en zozobra e indefensa ante el evidente fracaso de las instituciones del gobierno en todos sus niveles. Qué difícil es aceptar que se ha fallado, pero más difícil es cuando la sociedad se harta.