Debemos confesar que no recordamos de dónde viene la expresión con la que titulamos nuestro trabajo de hoy, pero que consideramos apropiada para describir lo que le está pasando al candidato presidencial de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador, a unos pocos días para cerrar las campañas, y no se ve por donde pueda alcanzar al abanderado del PRI, Enrique Peña Nieto.
Como dijera Eduardo Ruiz Healy en Telefórmula, “dentro de su mente calenturienta dice, (se refiere a López Obrador), este fraude viene porque la gente va a ser obligada a tomar una foto de su voto con su celular… los gobernadores están intimidando a medio mundo”.
Y para ver que él mismo ya no sabe qué decir, el 30 de marzo, López Obrador dijo: “los poderosos y los medios de comunicación quieren imponer a Enrique Peña Nieto”. Después, el 5 de junio, en Michoacán, dijo: “Quieren de nuevo asustar con la guerra sucia, pero ya no les va a funcionar, ¿a qué se van a ir? ¡Al fraude!
El 6 de junio, en una entrevista en Televisa: “Estoy seguro que vamos a triunfar, no les va a funcionar ni la guerra sucia ni el fraude”. Aseguró ese mismo día que ya está dos puntos arriba de Peña Nieto, según las encuestas que se negó a decir quién la hace y a mostrarla, y que “aceptará los resultados del IFE, ¡porque yo voy a ganar!, pero no dijo qué va a hacer con los resultados del IFE si no gana.
El 9 de junio, dijo: “El compromiso del IFE de que habrán elecciones transparentes y equitativas, ayuda, porque genera confianza en el proceso de 1 de julio”. Cuatro días después, en La Paz, B.C., le preguntaron, ¿no ve fraude ya? Y dijo. “No, vamos a ganar para que ya, como dicen los jóvenes, ya chole, a ver con qué salen ahora”.
Y el 19 de junio, apenas el pasado martes, dijo que le va a pedir a las autoridades electorales prohibir que los votantes ingresen con teléfonos celulares a las casillas, pero el IFE contestó que eso no esta prohibido.
Pero aquí la imposibilidad está en la misma cantidad que pagarían los partidos a cada votante, casi dos mil millones de pesos, y eso no lo tiene ningún partido en estos momentos.
La realidad está en que ningún candidato quiere aceptar que no va a ganar, aunque las preferencias electorales diga lo contrario. Y eso ya no se trata de que hubo campañas más cortas en esta ocasión, recordemos que Andrés Manuel empezó su campaña prácticamente desde que le dieron el triunfo a Felipe Calderón, y como él mismo presume: “Visité a todos y cada uno de los municipios de la república”.
El problema de nuestra democracia es que “los que pierden, no aceptan que pierden”, dijo Ruiz Healy. Tienen que buscar un pretexto para justificar su propia ineptitud.
Lo malo de todo esto, es que hay muchas personas que le creen a López Obrador, como le creyeron hace 6 años, a tal grado que arrastró a una buena cantidad de personas, como es el caso de los jóvenes que, por naturaleza, son idealistas. Hace seis años, muchos de ellos no votaron, unos porque no tenían edad, y otros, los mayores, por la simple indiferencia.
El problema con López Obrador es que acusa a todo mundo de fraude, pero si se le piden pruebas, él contesta: “Te digo que tengo pruebas, y con eso basta. Las presentaré en su momento”.
Jamás presenta las pruebas, pero sigue diciendo “hubo compló”, me hicieron fraude, todos me traicionaron”.
Lo que sucede es que el triunfo lo está viendo muy lejos, y lo único que ve son “moros con tranchetes”.
MOROS CON TRANCHETES
- Viernes, 22 de Junio de 2012 13:54
- administrador
